CUANDO ÉRAMOS MAYORES. (2001), Anne Tyler



ÉRASE UNA VEZ una mujer que descubrió que se había convertido en la persona equivocada.
Para entonces tenía cincuenta y tres años, y ya era abuela. Una abuela grandota, blandita, con hoyuelos en las mejillas y dos mechones cortos, rubios y resecos que le caían casi horizontalmente, como dos alas, a ambos lados de la raya central. Patas de gallo junto al rabillo de los ojos. Prendas sueltas de colores vivos que acercaban peligrosamente su estilo de vestir al de las vagabundas que arrastran sus pertenencias en grandes bolsas.
Pueden darlo por seguro: la mayoría de la gente de su edad diría que ya era demasiado tarde
para cambiar. Lo hecho, hecho está, dirían. Para qué intentar modificar las cosas a estas alturas.
También Rebecca estuvo a punto de decírselo. Pero no lo dijo.
El día que lo descubrió estaba de merienda campestre en el río North Folk, en el condado de Baltimore.”

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