SI TÚ ME DICES VEN, LO DEJO TODO. (2008), Adolfo Puerta Martín

“… LA VELOCIDAD ERA tal que con los baches las luces del Escarabajo bizqueaban y a veces volábamos a oscuras durante metros. Por eso surgió de la nada, como un fantasma, al superar una loma, el preso del traje negro y la maleta de cartón. Caminaba en nuestro mismo sentido y, respetando las normas de circulación, por la cuneta de la izquierda. Eso le salvó de ser arrollado. Yoni le miró durante unos segundos y gritó:
-¡Para, Cristo, le conozco!
–Aquí atrás no cabe –dije yo. No quería más carcelarios en el minúsculo Volkswagen.
Nadie pareció prestarme atención. Debido a la inercia, Cristo detuvo el auto unos cincuenta metros más allá del caminante.
Déjame tu sirla –dijo Yoni.
–Te he traído una –respondió Cristo.
–Pues pásamela.
–¿No irás a hacer ninguna tontería? –preguntó Allende, convencida de que su defendido sí que iba a hacerla.
–Es una cuestión de supervivencia. No puedo dejar pasar la ocasión –respondió un tanto críptico Yoni mientras cogía la navaja que Cristo le pasaba y se la escondía en la bocamanga.
Y vi cómo Yoni, mirándose en el espejo retrovisor, ensayaba y, finalmente, lograba la mejor de sus sonrisas, la de niño bueno y aplicado. Después, con ella por delante, se apeó del auto. El caminante había seguido avanzando sin inmutarse, al menos aparentemente, y llegado a nuestra altura. Cristo bajó el cristal de la ventanilla para escuchar la conversación.
–¿No pensarás ir andando hasta Madrid? –preguntó Yoni con amabilidad.
–No tengo prisa –respondió el otro. Hablaba con calma y estaba muy delgado. Debía tener unos cuarenta largos, cerca de los cincuenta. La tristeza emanaba de él como de Franco la venganza o del Papa la hipocresía. Natural. No estaba alterado ni en prevengan. Caminaba por la carretera en la oscuridad como podría haberlo hecho mirando escaparates para hacer tiempo.”

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