Historias del Más Allá

“TAMBIÉN ES DE fácil recordatorio que en el viejo ambiente del agro, y a pesar de su vida estrecha y trabajosa, existía un latente espíritu de sensualidad traducido principalmente en copiosos banquetes o comilonas celebradas durante las fiestas patronales de la aldea, y un poco menos, claro está, cuando por razones de ferias, pago de contribuciones, o por una simple salida a la consulta de un abogado, le tocaba almorzar fuera de casa. Elegían entonces platos fuertes para un completo yantar que era llevado a cabo lentamente y en religioso silencio, y allá, por la caída de la tarde, montaban sobre sus pacientes caballos en viaje de retorno casero, rumiando durante el trayecto la consulta jurídica planteada, a la par que iban evocando la abundancia de unos suculentos manjares bien regados con tintorro, y debidamente epilogados con los correspondientes cafés y unas copas de aguardiente.”

p. 24-25

“… animadas tertulias en las que no solamente salían a relucir los temas del agro, sino también lances de pesca; travesías oceánicas; naufragios, e incluso la suerte más o menos propicia de algunos individuos dedicados al raque, o lo que es igual: la de aquellas personas que tomaban por suyo cuanto la mar traía a la costa, y que eran conocidos en la especialidad, por el nombre de “playeros”.

p. 33

“… tanto en las costas finisterranas como en todas las del orbe, existen unos individuos llamados raqueros (aquí playeros), que se dedican a recoger cuanto trae la mar a tierra, casi siempre procedente de un siniestro marinero. La paciencia de estos sujetos yo la tengo comparada con la de los cazadores dedicados a la espera, obligándoles su género de vida a andar siempre en solitario por la costa. La mar devuelve casi siempre los despojos de cuanto ha destruido con su bárbara fuerza, y los playeros que saben bastante de esta clase de negocios, vigilan atentos este productivo campo de acción, tan propicio para toda suerte de trapicheos.”

p. 122

“Conocí casualmente al señor Ezequiel el capador, en la taberna “do chosco de Vilán d’a fora”, cochambroso antro o capilla eregida a Baco, cuya puerta y ventanas dan cara “al mar tenebroso” de la costa atlántica del noroeste.
Dicho sujeto, era un corpulento y rubicundo anciano de grandes mostachos blancos reteñidos de rubio por la nicotina. Tocaba el “asubío” o “violera” poco menos que por solfa, arrancándole unas notas que tenían más de overtura de ópera bucólica, que eso de anunciar su presencia como extermindaor de funciones reproductoras en los animales domésticos.”

p. 173

Historias del Más Allá, de Francisco de Ramón y Ballesteros.