Cuentos para entender el mundo

Unos cuentos que empiezan muy fuerte, el primero ya es demoledor.

Te los tienes que leer todos, pero los más valiosos son: Las estrellas de mar, el clasiquísimo La rana y el escorpión, La rosa y el sapo, El padre, el hijo y el burro, y La paz perfecta.

Una especie de libro de autoayuda, con las pildoritas del tratamiento en forma de cuento, con su moralina y efectos secundarios (causa reflexión sobre lo que acabas de leer). Tienen el poder, la virtud, de manera natural, de hacerte meditar y algunos proporcionan imágenes muy potentes, como el relato La paz perfecta. Uno de gran utilidad para la vida: El anillo en equilibrio. Filosofía en cuentos y fábulas sobre los que el autor recomienda pensar. Una obra que ha tenido mucho éxito entre el público infantil, pero que estaría más bien destinada al adulto. Cuentos muy bonitos que te valen para afrontar diversas situaciones, para formar una opinión y para entretener y, encima, quedas feliz por el efecto catártico de los relatos que dejan un buen regusto. En el momento en que acabas el cuento surge la magia y ¡plof! allá que va tu mente a repensar el relato. Y como las intrucciones son muy claras, dice la introducción que leas un cuento al día justo antes de acostarte, así tu mente tendrá toda la noche para pensar y todo el día para intentar comprenderlo, con lo cual se produce el curioso fenómeno de que un cuento cortito alarga su acción y su duración por todo un día, porque pretende que pienses y recapacites sobre la minihistoria ejemplificante, aleccionadora y sugerente. Dice el autor que, a partir de una edad, a nadie le cuentan cuentos, ¡y a todos nos gusta que nos cuenten cuentos!

Ambos se quedaron callados durante una eternidad. Él esperando una rectificación y ella, en cambio, esperando a que se fuera.”

RATAS EN MANHATTAN. (2007), Francisco Álvarez

Francisco Álvarez, “Koki”

“O RUÍDO DAS ambulancias na rúa, o acelerar dos coches e da música, sempre moi alta, nos apartamentos con sabor a salsa e merengue constitúen o son automático de cada noite no alto Manhattan, en Washington Heights. Non existe o silencio nestas rúas. Tan só os mortos gozan deste luxo. Por iso aquela noite, que non podía ser distinta ás demáis, no medio do chiar das rodas na rúa e cos saloucos e xemidos das parellas fornicando no apartamento contiguo, Alcibiades e Ramona non escoitaron o berro do seu fillo. Un meniño de tan só tres anos que nese preciso intre era alimento das ratas. Aquel berro esgazador do neno quedou no aire, como unha nota xorda daquel aquelarre moderno. Foi á mañá cando Ramona chegou ao cuarto e encontrou aquela estampa dantesca, tan só imaxinable nunha película de terror. Viu o seu fillo coa gorxa degolada e na cama un carreiro de sangue que delataba o sitio por onde fuxiran as ratas. As ratas que toda a noite comeran nel. O berro de Ramona, que se desmaiou sentindo que se lle ía a vida, foi o que fixo correr a Alcibiades cara ao cuarto e repetir a imaxe nos seus ollos.”

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MADE IN GALIZA. (2007), Séchu Sende

“TEÑO UN ANO e poucos días e cando escoito Clara presto atención.
Escoito as persoas que viven nesta casa e aprendo cousas todos os días. Mamá ten outro nome que é Laura e cando mamá chama por Tomás sei que ese é papá. De vez en cando veñen outras persoas á casa, e as que teñen enrugas nos ollos e sempre están rindo son avó e avóa. Tamén está Rula, que é pequeniña e vive dentro dunha gaiola.”

(Comezo de Made in Galiza, de Séchu Sende)

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EL LIBRO DE LA SELVA. (1894), Rudyard Kipling

“Los hermanos de Mowgli



Suelta a la noche Mang, el murciélago,
tráela en sus alas Rann, el milano;
ya en sus corrales las vacas duermen,
de los corderos duerme el rebaño;
tras las cerradas puertas se esconden
porque hasta el alba libres vagamos.
Ésta es la hora: fuerza y orgullo;
garra afilada, silencio cauto.
¡Ya el grito suena! ¡Caza abundante
para el que observa la ley que amamos!

Canción nocturna en la selva

ERAN LAS SIETE de una calurosa tarde en las colinas de Seeonee, cuando papá lobo despertó de su sueño diurno, rascándose, bostezó y estiró las patas una tras otra para quitarse de encima la pesadez que en ellas sentía aún. Mamá Loba estaba echada, caído el grande hocico de color gris sobre sus cuatro vacilantes y chillones lobatos, mientras la luna brillaba a la entrada de la caverna donde todos ellos vivían.
–¡Augr! –dijo el lobo padre. — Ya es hora de volver a cazar. –E iba a lanzarse por la ladera cuando una sombra, no muy voluminosa y provista de espesa cola, atravesó el umbral y exclamó con plañidera voz:
–¡Buena suerte, Jefe de los lobos, y que no sea peor la de tus nobles hijos! ¡Buenos dientes les crezcan, y que jamás se les olvide el tener hambre en este mundo!
Quien así hablaba era el chacal (Tabaqui, el lameplatos), y los lobos de la India desprecian a Tabaqui porque anda siempre enredando de un lado a otro, metiendo chismes, comiendo andrajos y pedazos de cuero de los montones de basura que hay en las calles de los pueblos. Pero aunque lo desprecien le temen, porque Tabaqui, más que nadie en la selva toda, tiene propensión a perder la cabeza y entonces se olvida de que jamás haya tenido miedo y corre por la espesura mordiendo cuanto encuentra al paso. Hasta el tigre se esconde cuando Tabaqui se vuelve loco, porque la locura es lo más deshonroso que puede ocurrirle a un animal salvaje. Nosotros le damos el nombre de hidrofobia, pero ellos le llaman
dewanee (la locura) y huyen al decirlo.
–Bueno; entra y busca –dijo papá Lobo; –pero te advierto que aquí no hay comida.
–Para un lobo no –contestó Tabaqui, –mas para un pobrecillo como yo hasta un hueso es exquisito banquete. ¿Quiénes somos nosotros, los
Gidurg-log (el pueblo chacal), para andar escogiendo? …

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PALOS DE MOGUER. (1861), Juan Eugenio Hartzenbusch

Juan Eugenio Hartzenbusch (Madrid, 1806-1880)

Palos de la Frontera, Huelva

“PALOS DE MOGUER (CUENTO INMORAL)

EN LA COSTA de Andalucía, ya cerca de la raya de Portugal, hay una villa, no de gran población, pero bellísimamente situada, que disfruta de cierta celebridad, bien que no de toda la que merece: la villa de Palos de Moguer, o lisa y llanamente de Palos. De allí salieron las tres carabelas con que se arrojó Colón a cruzar desconocidos mares en demanda de un nuevo mundo, y esto es lo que principalmente da fama al pueblo con cuyo nombre va encabezada esta anécdota; pero allí también han ocurrido lances dignos de memoria eterna, y, sin embargo, tal ha sido la incuria de nuestros historiadores, que ninguno lo ha consignado en sus escritos, abandonándolos a la tradición, que todo lo confunde y lo vicia, dando motivo después a que los críticos suspicaces y osados nieguen hechos tan auténticos y positivos como la aventura de don Rodrigo en la caverna o torre célebre de Toledo y las portentosas hazañas de los Doce Pares.

Palos fue antiguamente una ciudad populosa, cuyos habitantes, muy inclinados a la emigración, fundaron diferentes pueblos dentro de España y fuera, y de Palos traen su origen muchísimas familias, sonadas ya en los primitivos tiempos de Grecia. En Palos, antes que en parte alguna, se rindió culto a las diosas Palas y Pales; de Palos fueron oriundos los Palantes y Palamedes; hijos de Palos fueron los fundadores de Palencia y Palermo; los Palomeques, Palomos, Palomares, Palomeros y Palominos, y una limpia o expulsión hecha en Palos en la época de su mayor brillo y cultura llenó de paletos las aldeas de España. En Palos se inventaron los palotes y la paleografía, las palanganas y el baile paloteado, los palanquines, las palatinas y los paletoques, especie de sayos que, abiertos por delante y añadiéndoles mangas, se han convertido en los paleotes modernos. Entre los paloteros nació ese género de conversación que aún conserva el nombre de “palique”...”


(Cuento Palos de Moguer (cuento inmoral) del libro Los amantes de Teruel, de Juan Eugenio Hartzenbusch)

Artículo sobre el topónimo Palos de la Frontera

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