Recuerdos de Galicia

Magnífica obra de Teodosio Vesteiro Torres.

Prosa de extraordinaria calidad, como dice Victorino Novo y García en el prólogo.

“[…] y parece que tuvo empeño en dejar tras de sí huellas que hicieran dolorosa su ausencia, por las esperanzas que hicieron concebir sus obras“.

Lugo era la ciudad odiada por los árabes, porque de allí habían partido héroes para Covadonga en 718, allí, ante sus muros, fuera humillada la media luna en 720; allí, en fin, se reunían contra el enemigo de la patria los infanzones gallegos, descendientes de los que habían sido el terror de Roma, hasta el día en que la Lucus céltica fue la Lucus Augusta de los emperadores“.

Desde el año 910, Alfonso III había mandado avecindar en Lugo a los condes de la comarca, para poder rechazar mejor desde tan fuerte lugar las correrías de los normandos, demasiado amantes del Jacob-s-land (país de Santiago)“.

Aquella misma aurora Almanzor levantó sus reales, y la indomable Lugo fue saludada libre por el primer sol de noviembre de 997“.

Una de las más singulares antinomias de la Edad Media es el culto decidido y constante que los caballeros rendían simultáneamente a la religión de Cristo y a la religión del Honor, que había llegado a ser punto menos que un dios para nuestros mayores.

Perdonar las injurias es un precepto cristiano. No tolerar la más pequeña fue una ley de la caballería. Cuando se armaba un caballero, el golpe que le daba el padrino con la espada sobre los hombros significaba que aquella era la última afrenta que debía sufrir el dignatario. Esto sucedía en el momento de jurar el novel paladín morir por la religión de Jesús“.

Siguió la pelea, usando la pesada maza, hasta que Aldana derribó de un golpe al duque de Normandía, que rodó, herido, por la arena.

Con la celeridad que presta la sed de venganza, saltó Aldana del caballo y se dirigió a su adversario, con la firme intención de cortarle la cabeza. Pero el rey interpuso su espada, y advirtió al español que sobrado satisfecho quedaría su honor, si el duque moría de la herida, como era probable.

Nuestro héroe abandonó el campo“.

La resistencia de los infieles, deseperada en el mayor grado, fue vencida por el vertiginoso delirio de los españoles.

A falta de escalas, plantaron estos las picas contra los muros o los enclavaron en las juntas de los sillares y, con increíble destreza, se encaramaron sobre las almenas“.

No dejéis de leer:

Una espaciosa y larga corredera se ofrece a la vista; el ex-convento de San Francisco y la nueva cárcel adornan ambos costados; glorietas, filas de acacias, anchas aceras, soportales, casas elevadas y a cordel, cuya línea solo se interrumpe para dar lugar a una inmensa explanada, causan la ilusión de una estancia en capital de primer orden con gentes y ruidos.

Pero no es más que aquello. Doblad una calle, y solo veréis la tranquilidad de un pueblo que parece olvidado de su propia vida, reposando silencioso entre muros venerandos a la sombra de su catedral de granito“.

Tui.

“[…] Bayona, cuyo negro castillo baten las olas espumosas del océano“.

“[…] vimos el negro castillo de la antigua Erizana, batido por las rompientes del océano“.

Dos veces lo tizna de negro.

Estamos en Corujo, tan celebrada por su derruido monasterio de benedictinos.

Bosques de sauce, prados de verdura, arroyos que van y brisas que vienen de la playa: esto es delicioso.

¿Mentirá la tradición que sitúa aquí una colonia de fenicios?

No podemos detenernos a ver las extrañas figuras grabadas en las piedras, ni a admirar los mosaicos que se desentierran todos los días.

Allí está la fresca isla de Toralla, retiro del sabio Fructuoso, metropolitano de Braga, venerado en nuestros altares“.

También vela aquí el genio del desamparo.

¡Cuántas veces hubiera sido mejor el olvido que la profanación! Mirad esa torre gótica, que debió ser hermosa en su juventud, horriblemente mutilada y rehecha para servir de reloj en su vejez!

No pensemos en el presente.

Hallamos la noble Erizana, la famosa colonia que compartió con Iria, Lucus y Brigancia las glorias de la civilización latina.

Aquí humilló Viriato a Serviliano, y tras de este fasto esplendente, Julio César supo en estos hogares cómo morían los calaicos y los herminios; aquel, en el año 132 y, este, en el 69 antes de Jesucristo“.

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