LA PRIMERA LUZ

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La primera luz, de Manuel Murguía.

“A POCO QUE SE OBSERVE, NÓTASE que sus voces, en la mayor parte, son débil corrupción del latín, sin que se vean en el gallego, como sucede en el castellano, esas ásperas palabras que ha tomado del árabe, como un signo de su pasada servidumbre. “

p. 15

“… ninguna [ciudad] tiene el envidiable privilegio de que hubiese residido en ella tanto tiempo el Apóstol como en el Padrón. Aquí escogió sus discípulos, y aquí fue amado como en ningún sitio… “

p. 19

“… el envidiable privilegio de ser la cuna del cristianismo español. Antes que un rey godo hubiese abjurado sus errores y se convirtiese a la religión del crucificado, ya un rey de Galicia lo había hecho más de cien años hacía. Pero ¿qué de victorias no deben las armas cristianas a la ayuda del Apóstol, a quien su divino maestro apellidó Hijo del Trueno? ¿quién venció en Clavijo si no Santiago? ¿Quién en las Navas de Tolosa? ¿Quién en Granada y en Nápoles, en Méjico, allí donde se gritaba en son de guerra: –Santiago y cierra España?”

p. 20

P. — ¿En donde residió el Santo Apostol en Galicia?

R. — La recorrió toda; pero en especial vivió en Iria, hoy Padrón.

P. — ¿En dónde se halló el cuerpo del Apóstol?

R. — En el lugar que hoy ocupa Santiago, llamado entonces Burgo de Tamaricos.

p. 21

“La antigua división de Galicia era harto defectuosa, pero hoy, y acertadamente, se halla dividida en cuatro provincias.”

p. 23. Ejemplo de cargarse de un plumazo el encanto, romanticismo y “añoranza” de las históricas 7 provincias gallegas.

“… hayándose en su ría espaciosa un magnífico lazareto, el único en Galicia; Tui; orillas del Miño, corte del rey godo Witiza, patria del celebrado poeta Cadavalo Gravio… “

p. 30

“Viriato, general lusitano, cuyo valor probó siempre venciendo a los soldados de Roma, acaudillaba también a los gallegos, y por eso sufrió un horrible cerco la ciudad de Erisana, hoy Baiona, que socorrida por aquel guerrero se vió libre del enemigo… Julio César… obtuvo una sangrienta victoria contra los gallegos en las islas Cíes, o de Baiona, en que los gallegos prefirieron morir a quedar esclavos. Por último, Octavio Augusto por medio de sus lugartenientes, Cayo Antistio y P. Firmio, se apoderó de Galicia después del horrible desastre del monte Medulio, en donde los gallegos mostraron bien claro cuan grande era su amor a la independencia y su odio a la dominación romana. Cercáronlos sus enemigos en el monte conocido con el nombre de Cabeza da Meda, y aprisionados con un foso de más de quince millas cerca de la confluencia del Sil y el Miño, prefirieron darse la muerte antes que entregarse a los romanos.”

p. 37-38

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