CÓMO NO TENER LA COCINA COMO UN CERDO

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Cómo no tener la cocina como un cerdo, de Óscar Terol.

“SEAMOS SINCEROS, LO QUE NOSOTROS TENEMOS no es un jamón, es una paletilla de oferta que tiene más hueso que un capítulo de Bones. Lo más normal es que intentemos sacar el poco magro que atesora la triste paletilla con la técnica de la escabechina o el ataque por todos los flancos.”

p. 33

“Saltear.

Sobre todo si le sucede la expresión “con un ligero juego de muñeca”. Efectivamente, amigo, en los programas de cocina habrás visto como el cocinero da las vueltas por el aire a los champiñones, cual acróbata, sin que renuncien estos a volver al seno de su sartén tras el vuelo. El efecto óptico es realmente sorprendente, lo reconozco, capaz de seducir a cualquiera, de acuerdo, pero quítatelo de la cabeza ya. El concepto “juego de muñeca” no está regulado por ningún organismo oficial y lo más probable, hasta que encuentres tu “juego de muñeca” ideal, es que en cada volteo pierdas la mitad del ingrediente.”

p. 37

“Rebozar.

Los ochenta fueron los años del apogeo del rebozado. Una señora llamada Elena Santonja hizo mucho daño con su programa de televisión. Día tras día presumía de ser pillada en la cocina embadurnada de harina y con las manos en la masa. Generaciones enteras se identificaron con su mensaje y el rebozado empezó a eclipsar a la dieta mediterránea. Se avecinaba la hecatombe. Un plato para el huevo, otro para la harina y un tercero para el pan rallado. Al lado, la sartén con el aceite chisporroteando. Muchos espectadores copiaron la ide literalmente. La masa se apoderaba de sus manos, con enormes gurruños en los dedos. Se dieron casos de gente que metía el dedo a rebozar en la propia sartén.”

p. 38

“… la tocineta se te caiga al suelo… ¿cómo limpiaría Ferran Adrià un trozo de tocineta extraviado? Si te decantas por el clásico chorro de grifo, la mascletá que puedes preparar al poner la loncha en el fuego puede ser todo un espectáculo.”

p. 39

“La masa es ingobernable y, una vez que se empieza a pegar, la harina no hace sino engordar el engrudo e incrementa el volumen del problema. Se ha visto a señores, cerdos como tú y como yo, saliendo del portal en busca de auxilio, totalmente poseídos por un conglomerado viscoso que les envolvía todo el cuerpo.”

p. 41

“Seamos claros, una barbacoa es volver a la oscura Edad Media… Al principio, cuidarás las formas y utilizarás los extraños utensilios del pack para barbacoas que te han regalado para darle la vuelta al asado, pero con la cuarta cerveza, que es con la que se adquiere el poder de “manos de amianto”, empezarás a manipular al animal con tus propias zarpas, que irán ennegreciéndose y llenandose de grasa por momentos.

No será extraño que, embriagado por la emoción que te da sentirte el rey de los vikingos, que va a dar de comer a su tribu, te lleves las manos al pantalón y a la camiseta en repetidas ocasiones. Eso, en el mejor de los casos, porque hay quien se despoja de la sudadera para entonar mejor con la estampa bárbara.”

p. 92-93

“Cuando una menta poleo te sabe a torreznos, igual hay que plantearse limpiar la campana extractora… Probablemente, tú seas de los que piensan que, poniéndola a potencia máxima, se traga toda la porquería… donde esté una ventana abierta, en corriente, que se quiten todos los extractores. Si tu cocina no tiene ventana: bocadillos y ensaladas.”

p. 109-110

Libro de humor, de risa, de los que literalmente te da la risa.

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