POR QUÉ EL ESPAÑOL NO HA LLEGADO A MÁS

Por qué el español no ha llegado a más.

Llamativísimo título que acoge una sorprendente visión sobre la historia de España, y unas reflexiones político-económicas de lo más llamativas. Fue publicado en 1929 y pone de relieve la miseria española y a caer de un burro a sus gobernantes. Para este autor el modelo que había que seguir era el inglés y yanki.

“… HISTORIADORES OFICIALES QUE TITULAN HISTORIA DE un pueblo a la relación de los hechos privados y públicos de los reyes, ignorando deliberadamente la vida y el estado del pueblo.”

p. 6

“… el pueblo español pide al gobierno que le resuelva sus problemas y le provea sus necesidades. A la mujer que pide a los santos corresponde el hombre que pide a los gobiernos.”

p. 57

“Solo en un país donde la mitad de la gente no sabe leer y la otra mitad no sabe pensar puede haber tamaña equivocación.”

p. 96

“En casi toda España desde el final de primavera hasta mediado el otoño, muy a menudo, llueve torrencialmente, lo que perjudica a las plantas y a las tierras llanas y arrastra de los montes sin árboles la película de tierra que tienen, tierra que paulativamente va cegando los ríos. Un buen número de los ríos de España eran navegables en tiempos de los romanos, ahora, ninguno.”

p. 103

“… el pueblo, en relación a la gobernación, es un proveedor de dinero para que ésta pueda desarrollar planes de engrandecimiento nacional. Pero como el pueblo español al ser agriculturista puede dar muy poco dinero, la gobernación no puede desarrollar grandes iniciativas. (El Gobierno español tiene un presupuesto para 22 millones de habitantes, inferior al Municipio de la ciudad de Nueva York para seis millones, y nótese que un municipio no tiene presupuesto de Casa Real, ni Ministerios de Estado, Guerra y Marina, ni subvención al clero, etc.)”

p. 120-121

“El pueblo español cree que progresar es substituir el carro y la diligencia españoles por el automóvil y el autobús extranjeros; o sea, substituir una cosa nacional por otra extranjera. No; progresar no es eso.”

p. 184

“Cuando se introdujeron en España las máquinas de escribir –pongamos como ejemplo–, los gobiernos debieron prever el gran número que habían de necesitar las oficinas gubernamentales (incluidas las provinciales y municipales) y entonces, no una legislación (cosa de abogados), sino un buen pedido (cosa de hombres mercantiles) hubiera establecido esa industria en España. Cualquier capitalista o cualquier banco está dispuesto a pagar la construcción de una fábrica para máquinas de ese género si el gobierno le asegura un pedido de la décima parte de las máquinas actualmente existentes en los servicios gubernamentales. A la hora actual, ¿para qué sirve la ley de protección a esa industria (y a las demás) si las oficinas gubernamentales tienen más de 100.000 máquinas de escribir extranjeras? De manera que ¿cómo va a ser posible que el gobierno español proteja a la innata industria nacional de máquinas de escribir, si ya la ha matado?

p. 229-230

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