HISTORIA DE ESPAÑA

 

“LOS ROMANOS, COMO BUEN PUEBLO CONQUISTADOR, que ha conseguido el dominio de la tierra por medio de las armas, saben hasta qué punto son fuertes los lazos que atan a los hombres a su tierra, lo fuerte que es el patriotismo local. Por ello, siguiendo –sin saberlo– el ejemplo de los asirios y dando ejemplo a pueblos más modernos, Roma efectúa importantes traslados de pobladores de un sitio a otro de la Península, logrando con ello una mezcla mucho más activa de lo que pudo ser en su día la fusión de celtas e iberos en la meseta central. Transporta montañes a la costa y viceversa. Produce éxodos en masa de tribus iberas del litoral levantino hacia el norte y hace moverse intensamente a pueblos que estaban arraigados de siglos en su terruño.

La fecha oficial del fin de la conquista romana es el año 19 antes de J. C. Para podernos dar cuenta de la intensidad de la obra étnica de Roma, hemos de preguntarnos qué pasó con los primitivos pobladores o, mejor, qué rastro dejaron de su antigua personalidad en el transcurso de los siglos siguientes. La contestación, nos dejará asombrados si sabemos que, ya en el siglo I de J. C. se considera a los hispanos unificados y que, aunque subsistían los viejos estatutos de emergencia creados durante la ocupación, diferenciando ciudades convenidas y federadas, éstos eran tomados más como privilegios tradicionales que como reconocimiento de hechos diferenciales entre indígenas y romanos. No quiere decir esto que los españoles fueran tenidos por romanos –lo que de todos modos pasará, finalmente–, si no que, ante los ojos de Roma, no existían ya esas diferencias indígenas que todavía son patentes en América. Ni lenguas primitivas, ni modos y usos, ritos y creencias de los antiguos habitantes. Se ha efectuado una amplia unificación cultural –principal servicio que suele reconocérsele únicamente a los romanos– que descansa sobre la otra unificación, que a nosotros nos está interesando ahora, del fondo étnico.

El primer aspecto que mencionábamos: Roma como unificadora étnica, queda plenamente probado. Roma lo realizó por medio de la aportación de importantes contingentes de italiotas nativos y por el trasiego y movimiento de las poblaciones existentes.”

p. 87

 

“Estos tipos más evolucionados de dolmen eran recubiertos por tierra formando montículos o mounds, muy justamente llamados en Galicia mámoas

Notemos, aunque salta a la vista, que ya entonces el hombre –lo que sucederá siempre– dedicará mayor gasto de energías y pondrá más cuidado en el levantamiento de monumentos y tumbas que en la construcción de sus viviendas. El indígena español del Neolítico vivía en chozas, en cabañas, pero sus muertos reposarían eternamente (hasta que la impiedad de los arqueólogos los sacara de sus tumbas) en enterramientos de sólida arquitectura).

Aunque propiamente no se pueden llamar arquitecturales a los menhires (denominación céltica dada por los primeros arqueólogos, pensando que eran obra de los Celtas) o grandes piedras enhiestas, pertenecen a la misma línea de esfuerzo. Se trata de verdaderas estelas, a las que también se ha dado una forma burda, que pudieron conmemorar hechos importantes, corresponder a un culto fálico o tener otro significado que no se ha desentrañado aún. Cuando se hallan formando un círculo o semicírculo (cromlech, en la misma terminología) constituyen sin duda lugares ceremoniales para los cultos de su religión. (En las Antillas hay playas ceremoniales del mismo tipo.)”

p. 125

“Hispania es, a los ojos de los romanos, una “pro-vincia”, es decir, territorio a disposición del vencedor…

los romanos, como casi todos los pueblos conquistadores con sabiduría política, utilizaron las rivalidades entre indígenas para sacar partido, empleando tropas iberas contra los celtíberos, o soldados turdetanos contra los lusitanos que los habían saqueado.”

p. 163-164

“César es sobrino de Mario y en 61 a. de J. C. es pretor de la Hispania Ulterior. En España, tanto como en Roma o en las Galias, César consolidará sus ambiciones. Abrumado de deudas en Roma, sus campañas contra lusitanos y gallaecios (gallegos) restañan su economía.”

p. 174

“Significó por eso un progreso el que Vespasiano [Tito Flavio Vespasiano] concediera el Jus Latii a los españoles y por ello no debe extrañarnos cuantas ciudades españolas se sobrenombraron Flavia.

Cuando [Trajano] realiza sus campañas en la Dacia (narradas y recordadas gráficamente en la famosa Columna Trajana de Roma) lleva consigo soldados españoles, con los que funda la nueva Roma o Romania.”

p. 177

“Fernando [el Católico], movido hacia las curiosidades exóticas, mantenía en Valencia un jardín de fieras y en la albufera tenía bulfols (búfalos) y ave-turchs (avestruces), pavos reales y leones.”

p. 364

“la Desamortización o venta por el Estado, y en su provecho, de los bienes llamados de “manos muertas”, o sea, los bienes eclesiásticos…

Cuando los viajeros extranjeros de la época romántica comenzaron a pasar por España, diez o veinte años después, dibujan –como Gustavo Doré– o describen — como Gautier– las ruinas de los monasterios y de iglesias, en que gitanos y gentes del pueblo han levantado sus viviendas, complementando los amplios claustros con tejavanas o sombrajos de madera o de paja. Las aves de corral pacen en las naves de las capillas conventuales, y las piaras en los cementerios monásticos. Y la impresión que reciben es de desidia, de un país que ha abdicado del cuidado de sus riquezas, que no sabe que son, como los beduínos que habitan en los derruidos templos romanos de Oriente, testigos de un tiempo glorioso que ya pasó. Solo la drástica incautación de monasterios y abadías, decretada en Inglaterra por el sectarismo — y por la avaricia– de Enrique VIII y su secuaz Cromwell (que no es el famoso), puede parangonarse con la Desamortización mendizabalina. La Iglesia, que había canalizado hacia el arte y los monumentos, los legados de nobles y poderosos, perdía la ocasión de seguir cuidando del patrimonio histórico y cultural de la nación, que pasaba de las manos muertas a las vivas manos de los que, disponiendo de numerario (papel mojado en muchos casos), pudieron hacerse con fortunas inmensas en bienes raíces. Los grandes retablos, bibliotecas y archivos se aventaban y aunque el Estado concentró en sus centros gran parte del tesoro documental (el cuerpo de Archiveros no nacería hasta veinte años después), las pérdidas fueron, en muchos conceptos, irreparables. No cupo, siquiera el consuelo de pensar que la nación salía beneficiada, pues cargaba con el mantenimiento del clero y los ingresos que percibía por esta venta eran realmente ridículos en sí mismos, sin establecer proporción con el daño causado.”

p. 479-480

“Pero los aliados y los alemanes contaban, respectivamente, con simpatías en el interior de la Península (aliadófilos y germanófilos), despertando también apetencias económicas, pues ambos contendientes se aprovisionaron largamente en España, produciendo negocios rápidos y la formación de “nuevos ricos”.

p. 516

“El jefe es el rifeño Abd-el-Krim, aprovisionado de armas desde la zona francesa, que bate a los soldados españoles en Annual y en Monte Arruit (1921), muriendo en la contienda el general Silvestre. Entre desaparecidos y muertos, las pérdidas españolas se elevan a 20.000 hombres, muchos de los cuales, internados hasta el Sahara, llevaron durante años una miserable vida de esclavos, sin que pudiera hacerse nada para su liberación.”

p. 517

“Ante el avance nacional hacia Madrid, desde Toledo (primeros días de noviembre), se hace una matanza ocn ametralladoras en la Cárcel Modelo…

Ya ante los arrabales madrileños, las tropas nacionales se ven repentinamente frenadas por la aparición de contingentes militares disciplinados y de gran fuerza combativa: las “Brigadas Internacionales” que el extremismo mundial mandaba a España…

pese a la constirución del gobierno vasco, con José Antonio de Aguirre y la construcción de un impresionante “cinturón” de cemento y de acero Bilbao caía en manos nacionales, así como en agosto se rendía Santander, donde se habían refugiado los restos gudaris del ejército vasco. Miles y miles de hombres cansados y hambrientos se entregaban sin combatir al ejército nacional, a las brigadas navarras y a los voluntarios burgaleses… ”

p. 526-527

“La producción editorial española alcanza en los años posteriores a 1964 sus cifras más altas, multiplicándose las grandes obras, que se venden por fascículos en los “kioskos”, claro índice de la lenta subida de la capacidad intelectual del público medio y bajo.”

p. 550

Historia de España, de Manuel Ballesteros Gaibrois.

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