Otoño caliente. (1990), Fernando Vizcaíno Casas

“DECIDIÓ ENTONCES TOMARSE en serio el ejercicio de la abogacía y alquiló un apartamento en la calle de Sagasta, lo amuebló debidamente, llenó la librería con tomazos del Aranzadi comprados de segunda mano (para dar la sensación de que los había consultado muchas veces)”

p. 92
“Al final, Paz satisfizo su ilusión y pudo ver colgados sus cuadros en una de las más prestigiosas salas de exposiciones de Madrid. Era la suya una pintura muy personal, difícil de encasillar en un estilo determinado, con rasgos originales y que recogía, a través de las interpretaciones subjetivas, un mundo fantasmagórico, si bien pródigo en connotaciones realistas, tamizadas por colores muy vivos, que globalizaban los principios estáticos, imbuyendo a los lienzos fuerza espiritual y adecuación cromática, con versatilidad intencional en la proteicidad temática. (Así escribió un crítico en su periódico y parecidas opiniones dieron los demás, pues la crítica de arte siempre resulta críptica, cifrada y sibilina, de tal forma que los lectores, si algunos hay para tales monumentos de pedantería, jamás pueden enterarse de si los cuadros expuestos son buenos o malos.)”
p. 127
Advertisements

Deixar unha resposta

introduce os teu datos ou preme nunha das iconas:

Logotipo de WordPress.com

Estás a comentar desde a túa conta de WordPress.com. Sair / Cambiar )

Twitter picture

Estás a comentar desde a túa conta de Twitter. Sair / Cambiar )

Facebook photo

Estás a comentar desde a túa conta de Facebook. Sair / Cambiar )

Google+ photo

Estás a comentar desde a túa conta de Google+. Sair / Cambiar )

Conectando a %s