MATAR A UN REY. (2001), Fernando Bartolomé Benito

“–SIN DUDA, ALGUIEN quería que tuvierais un mal encuentro pues estos valentones rara vez actúan sin ajustar antes la paga. Pero no os preocupéis, sabemos bien quiénes son y cuáles sus pasos; si tenéis curiosidad, sabed que el vuestro –dijo dirigiéndose a Uztárroz— es Saldaña que, no ha mucho tiempo, llegó de Flandes con menos fortuna que un franciscano y más humos que una chimenea; ha sentado plaza de matasiete y vanaglorioso como buen soldado con licencia; a su llegada a Madrid se pasaba el día pretendiendo por la Corte, con su bengala llena de menciones conseguidas por los campos de batalla de Europa; como él hay a cientos. Ahora, ahíto del vino del despecho, maldice al rey, al Imperio y malvive de esbirro del primero que sueña con una venganza. Para los que son como él, volver a España es peor que los peligros pasados. Los otros dos son flores del albañal de la miseria, para ellos ya pasaron los mejores años: Sigüenza ha pasado más años en la cárcel y las galeras que en la calle; allí aprendió a hacer tatuajes, ya sabéis, corazones atravesados por saetas, culebras enroscadas en espadas o rosales sangrantes, mujeres que sostienen una cadena en la mano y gritan el nombre del amado y ésa que dice amor de madre, que se lleva en el hombro y que los reclusos la besan o la muerden solicitando fuerzas para no cantar en el potro. Después de tantos años entre rejas, se hizo rogador de penas: ajustaba, por unas monedas, la blandura de los azotes del verdugo para otros presos, e incluso la muerte rápida e indolora. De Pimentel, el gallego chosco, por ese ojo nublado que tiene, su historia se escribiría en una línea: pasó toda su vida en los burdeles, regentándolos, primero como padre o tapador y, después, como palanganero o rufián de mancebía; perdió el ojo en una mala pelea con muerto que le cerró las puertas de la putería andante y ahora malbebe, agermanado con los otros dos gualdrapas, haciendo trabajos nocturnos.”

P. 101-102

Matar a un Rey: la aventura de Gracián y Lastanosa en la turbulenta España de Felipe IV, de Fernando Bartolomé Benito.

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